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Masoneria Tragica y jocosa

Por Alfonso Sierra Partida / Editorial Menphis
  
Cada vez que en la Orden Masónica, sobresale un Hermano, este es víctima de ataques y calumnias. Se convierte en blanco de los frustrados, sin obra y sin trayectoria dentro y fuera de la Masonería.
Tal vez haya consigna ajena, contra la Fraternidad –labor de zapa de sus seculares adversarios- impidiendo que en la misma surja un ideólogo, un líder.
Como en el caso de Luis Cataño Morlet y de otros grandes masones. El anónimo, la diatriba, la persecución, son el obligado atuendo con que se les viste. Y no lo entienden.
Víctima de tales vituperables actitudes, ha sido Alfonso Sierra Partida, al grado que el Hermano Enrique Quiles Ponce, al leer un cobarde anónimo en su contra, comentó:
-A Sierra Partida le pasa lo que a la luciérnaga de la fábula.
-¿Cómo? Le preguntó el Hermano Agustín Arriaga Rivera.
-Si, mi Hermano. Escucha:
“Dijo la luciérnaga al sapo: ¿Por qué me quieres aplastar?
Y contesto el sapo: Porque brillas....
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Hay, por desgracia, “hermanos” que jamás serán masones. Que nunca asimilaran los altos principios éticos de la Orden. Y pasan por las Cámaras Simbólicas, cerrados del entendimiento, ciegos y sordos. Pero poseedores de una lengua profana, viperina y necia. Niegan a la Orden o a su Taller. Y para contener sus males hepáticos, babean su amargura lanzando anónimos. Y prueban su calidad de perjuros, ajenos a enseñanzas que prometieron ante el ara acatar. Como recordó con tristeza, criticándolos el ilustre hermano Elías Zabanneh:
-olvidan el primer deber de un aprendiz masón, que promete “corregir las faltas de sus hermanos con suavidad y vindicar su opinión cuando sea calumniado y surgir en su defensa, aun cuando su conducta sea justamente reprensible, para que el mundo vea que los masones se aman los unos a los otros”. Y un maestro masón a veces olvida el “no hablar mal de ningún hermano ni tolerar que lo haga otra persona en su presencia”.
En tratándose de anónimos, es mas ruin y cobarde el masón que los difunde y los festina, que quien los hace. Porque aprovecha la maldad de otro, para comentar y propalar infundios, que no ha sido capaz de señalar, como hombre, abiertamente y frente al ofendido…
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Discutían en el café, varios hermanos de la masoneria filosofica, sobre la necesidad de implantar un servicio medico en tal Potencia, que congrega a muy viejos masones.
Y el ilustre hermano Alejandro García Bustos, comento:
-carecemos de alópatas prestigiados.
A lo que respondió el medico veterinario, Villegas Pedrero:
-no necesitamos alópatas, hermano, sino un homeópata...
-¿Por qué? Pregunto intrigado García Bustos.
-porque va a recetar puros “chochitos”
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La celosa ingenuidad masónica referente al “secreto” tan ortodoxamente defendido, tiene conmovedora manifestación en los banquetes anuales, en los que se celebra la Gran Cena del Solsticio de Invierno y a la que asisten alrededor de novecientos masones, para escuchar los “herméticos” Siete Brindis Simbólicos.
Un aprendiz pregunto con aparente candidez, a su Venerable Maestro:
-¿esa reunión es cerrada?
-claro, no admite la presencia de profanos.
Y sonriendo con ironía, pregunto:
-¿y los ochenta meseros que nos sirven, y el dueño del restaurante y los músicos de la orquesta y los empleados y empleadas de la cocina, son iniciados?...

 

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